viernes, 7 de septiembre de 2012

La Calahorra. Turismo y Arquitectura recóndita.


Hoy último día de la semana os traigo dos tópicos. El primero es aquél que dice que en los sitios más inesperados puedes encontrar un tesoro. El segundo es aquél de que lo mejor de La Calahorra es su castillo.

Bien, no me considero un experto en guías turísticas y probablemente más allá del castillo, no haya nada que pueda interesar a un turista normal. Pero el primer tópico prima en exceso en esta historia y, por consiguiente, en mis recomendaciones.

Es un sitio para el que no lo conoce, recóndito y no muy atrayente. Pero esta atracción depende de varías variables. Si te gusta el paisaje, las fiestas de los pueblo, el olor a verano y la buena gente, es tu sitio.

La Calahorra es la reina del llamado Marquesado del Zenete, una mancomunidad de municipios hermanos entre sí. La Calahorra destaca por tener el castillo, patrimonio de la humanidad y porque el rojizo monumento copa la colina y vigila con puño firme al pueblo y es un símbolo de todo el Marquesado.


La Calahorra es para mí un buen lugar, en el que pasar unas vacaciones de verano, en plenas fiestas del municipio. Curiosamente esas fiestas están mejor organizadas que las de algún barrio de la capital granadina, en la que el presupuesto parece ser de 5 euros y que cunda.

La gente es como en todos los lugares, hay buena y mala, pero por suerte solo conocí a gente buena, y eso en el mundo actual es francamente difícil. En La Calahorra hay afluencia de turistas Catalanes y Valencianos, que dan un toque maduro y distinguido.

Lo que esta claro es que es un sitio tranquilo, que solo se ve perturbado por las fiestas en Agosto y que lo convierte en un sitio perfecto para huir de la frivolidad del mundo real y exiliarse a pasar jornadas de tranquilidad.

Un pueblo con sus cosas de pueblo. Sus sillas en la puerta, sus niños correteando por la plaza, sus amores de verano. Todo eso se puede respirar allí, igual que en cualquier pueblo, pero no en todos se producen miles de historias bajo la atenta mirada de un castillo que ha visto mucho y como solitario penitente oye, ve y calla.

No es Roma, ni París. Es un sitio de descanso y creánme que hace mucha falta sitios como estos. Habalría de la arquitectura del castillo, pero prefiero hablar de la arquitectura humana y sentimental.


Dicen los que allí habitan que es invierno es aburrido. Pero hay nieve y la nieve mola. Y siempre molará.

Vuelvo a repetir que no soy un experto, ni soy de allí. Pero mi impresión es buena y para alguien como yo, que me exijo tanto, me pareció un buen sitio. No puedo recomendarlo por que cada persona es un mundo, y más teniendo en cuenta lo que actualmente busca la gente en unas vacaciones.

¿Que puede ofrecer? Fiesta, aire limpio, amistad y tranquilidad a los pies de un castillo y en un enclave maravilloso.

Tu quédate con catedrales, coliseos, museos. Yo me quedo con el rojizo paisaje y con un castillo iluminado en una noche de verano, con sus fiestas y sus gentes. Quieranme.

Aarón Hernández.

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